Sobre este teclado glorioso diseñado en California mis dedos van mas rápido que mis Ideas. Estoy escribiendo muchas boludeces. 4/9 a las 16:00
Año XXI Nº 7912
Domingo 5 de Septiembre del 2010
4/xii/2010
ARTÍCULO

Esbozo de artículo que se propone resumir los puntos clave del segundo cuatrimestre de Comunicación II; al menos aquellos presentes en el texto de María del Valle Ledesma. Lo confeccioné la noche anterior a rendir el final, con la vaga esperanza de reafirmar todo lo que había leído.

La proposición ledesmótica

Lo que sigue es una diatriba aleatoria y sin aspiración alguna a tener coherencia, sino mas bien a ayudarme a repasar los contenidos de Comunicación ii ahora, la víspera del examen final.

Todos amamos a Ledesma. Construye una definición bastante aceptable de lo que es el diseño y todas sus características. Busca su especificidad y no la encuentra, y eso es porque su descripción es tan abierta e integradora que en realidad todo termina siendo un acto de diseño. Es verdad que se podría haber ceñido un poco más y de esa forma obtener un perfil más preciso del diseño, pero el resultado final de su ensayo “diseño gráfico, ¿un orden necesario?” no deja nada que desear y recorre varios de los puntos importantes a tener en cuenta para una caracterización compleja.

Ella abre el texto con la siguiente aseveración: el diseño da categoria de existencia al objeto del mundo moderno. Romantico como pueda sonar, esto es ciertamente discutible: el objeto es porque es, pero ¿qué repámpanos tiene esto que ver el diseño? Bueno señores, el diseño es más que una discplina que floreció en el siglo XX, el diseño de Ledesma es una actividad. Lo que es más, es una actividad proyectual. Lo proyectual es la realización de un motivo tecnológico, entendiendo a la tecnología como un estrato de la tekné clásica: el canon de métodos para la producción de un objeto artificial. A su vez, un objeto recibe su estatus de artificial cuando resulta de una síntesis, de una composición.

Ledesma se permite ser crítica cuando observa que la filosofía moderna tiene a bien contemplar el objeto diseñado como un producto, pero que falla en observarlo como un proceso, un proyecto. Luego, todo objeto es producto de una acción proyectual en tanto sea artificial. Incluso aquellos objetos que precedían al proceso intelectual de la creación tecnológica, si resuelven un problema puntual y si lo resuelven como producto de un proyecto de diseño, se convierten en artificiales. Una piedra encontrada a la vera del camino no es más que una piedra y no hay nada de artificial en ella, pero si alguien la toma y la deposita sobre su escritorio para evitar que se vuelen los papeles, acaba de convertir a esa piedra en un producto tecnológico.

Oh pero recórcholis, Ledesma no se queda con el diseño sino que prosigue al diseño gráfico. En principio todas las características expuestas hasta aquí acerca del diseño son heredadas por el diseño gráfico. El producto de diseño gráfico es un objeto artificial, tiene una existencia material y resulta de una síntesis (Barthes, dios lo bendiga, diría que es indiscutiblemente digital). Pero ojo al piojo, porque debemos añadir algo: el diseño gráfico además debe ser habitable y poseer una cualidad estética (lo cual juega un papel importante en ser habitable). La piedra perderá pues la categoría de objeto estético a menos que el proyecto de diseño que la transformó en un objeto tecnológico también haya tenido en cuenta factores tales como la harmonía, la coherencia, la carga estilística, la connotación visual, coloración, forma, textura, etcétera.

Llegó ese momento en que yo propongo algo nuevo que complemente los avances de Ledesma, y es lo siguiente: su definición de diseño gráfico, escapando a sus intentos de atarla con la historia del siglo XX, excede las barreras espacio temporales y recae automáticamente sobre cualquier acto de comunicación visual en la historia del universo (ni siquiera diré humanidad, dado que seguramente alguien más en algun otro lugar de este plano existencial, se está comunicando con sus pares por medio de símbolos gráficos). SIGNOS. Nuestra existencia cultural está definida, moldeada y posibilitada por la existencia del signo. Y la vida social con un mínimo de orden sería inexistente sin SÍMBOLOS, representaciones tangibles a cualquier representamen, ya sean objetos materiales como las cavernas, fenómenos como el ciclo día-noche, actividades como la cacería, o constructos más abstractos como números, fonemas, metalenguaje. Yo propongo que el símbolo también es un objeto diseñado. Es material. Es un producto tecnológico porque resuelve un problema y es artificial porque siguiendo un proceso de diseño en la mente de alguien. Es habitable y estético en la medida que una de sus funciones es la repetición y la adopción como entidad cultural, y cuando esa condición no se cumple, el símbolo pierde valor y muere (si es que eso alguna vez ocurrió, dado que en las etapas primigenias la creación de símbolos era primero funcional y luego estética; que no es lo mismo que decir que no era estética en absoluto). Desde este punto en adelante voy a repasar lo restante del texto de Ledesma y adaptar esos contenidos para orientarlos a esta nueva perspectiva. Deseenme suerte.

El siguiente concepto que introduce Ledesma es la tríada canal / medio / carácter. El canal es la clase de código sobre la base del cual de desarrolla la comunicación, puede ser hablado, escrito, gráfico, etcétera. El medio es el intermediario, el instrumento, el artificio utilizado para el intercambio de información, ya sea cara a cara, radio, televisión, Internet. El carácter es interpersonal o masivo, dependiendo del público destinado. Dos aclaraciones que hace la autora son: mientras que el canal está prácticamente excento de innovación, los medios y caracteres se fueron modificando en la historia de la comunicación, con la incorporación de nuevas tecnologías y tal. El diseño gráfico tiene su propia configuración específica dentro de estos tres parámetros, fuera de la cual, dejaría de ser diseño gráfico, y es la siguiente: el canal es visual, el medio es todo aquel que soporte dicho canal (televisión, prensa, editorial, cartel, website, etc) y el carácter es, para Ledesma, siempre masivo, lo cual en mi opinión es argüíble.

Entonces, ¿es esta tríada universalizable? Podemos suponer que sí; en tanto haya acto comunicativo, habrá un canal, medio y carácter, caso contrario es inconcebible.

Ledesma entonces caracteriza el modelo comunicacional como inadecuadamente simplista para una sociedad que se rige por reglas complejas que rayan en lo caótico. Para ella, un acto comunicativo posee infinitos matices y variaciones que no son tenidos en cuenta por ningún modelo. Luego, subraya que esta red de intercambio constante se volvió más dinámica, más sobrecargada, desde el estallido de los medios, si bien recalca que el mensaje no se volvió más efímero sino que perdió tal vez su sustancia original y como consecuencia hace falta reforzarlo constantemente. De no ser esto cierto, nos bastaría ver una publicidad una única vez para recordar la marca y el producto, pero el circo romano que es la lucha entre las publicidades por nuestra atención nos obliga a consumir tanto contenido que de hecho nos hacen faltas varias repasadas antes de aprehender algo en la esponja pútrida que es nuestra memoria mediática (o al menos la mía, dado que mi generación desarrolló la habilidad de ignorar completamente este material).

Y al referirse al estallido mediático, Ledesma da cuenta de algunas peculiaridades. Por un lado, una ampliación del volumen comunicativo. Por otro, la escasa duración de la atención sobre un tema. Finalmente, una supuesta autonomía del receptor, una presunta libertad de elegir qué contenido consumir (que Ledesma califica como mito al afirmar que esta libertad no pasa de ser aparente).

No sabemos qué tan universalizable es este apartado, pero históricamente podemos afirmar que siempre que se realizó un salto tecnológico importante en el campo de la comunicación (la escritura, la imprenta...) el estilo y el ritmo de vida dio un salto proporcional.

Ahá, vean qué interesante esto: según Ledesma, el diseño gráfico actua como organizador de la vida social. Como una institución, dice ella. Hay un contrato implícito que indica que el emisor cuando señaliza se encuentra en una posición de saber privilegiado. Pero este monopolio del símbolo como verdad absoluta no es una incorporación del siglo XX, sino que existe desde que el hombre conoce el poder de los íconos. La historia de la religión está colmada de simbologías que remiten a simbologías anteriores que a su vez remiten a simbologías más anteriores. Y aquí también hay algo de lo que Ledesma habla cuando se refiere a la imagen digital: la supericonización de la imagen hasta el punto de independizarse de su objeto y convertirse en un objeto por sí misma, más alla de la existencia de su representamen. ¿Acaso no es lo que pasa con la simbología religiosa actual? ¿Cuánta gente está consciente de que el nacimiento de Jesús es el 25 de diciembre porque en esa fecha comienzan a aumentar las horas de sol luego del solsticio de invierno del hemisferio norte, o de que los tres Reyes Magos se corresponden con las tres estrellas que forman el cinturón de Orión, que el 25 de diciembre se alinea con Sirio para apuntar al amanecer, o que el sol «nace» en la vecindad de Virgo, o que «muere» en la vecindad de la Cruz? Los símbolos tomaron vida propia, no sin la ayuda de una iglesia oscurantista y siglos de historia en animación suspendida.

Ahora tengamos en cuenta la segunda función del diseño gráfico en el mundo moderno: modificar comportamientos, sugerir, influir. Esta es una función tan intrínseca al diseño como lo es la tarea automática de utilizar formas retóricas en nuestro discurso cotidiano. Esto, de hecho, no apareció en la historia de la humanidad hasta que hubo necesidad de convencer a alguien de hacer algo, es decir, desde el advenimiento de la democracia.

La afirmación ulterior de que el diseño gráfico es un entre, un medio interdisciplinar, que se comparte horizontalmente entre todas las esferas de la vida social (política, económica, religiosa), no hace sino más que corroborar mi teoría: el diseño gráfico, al menos de la forma que lo define Ledesma, existe desde que existe el lenguaje visual.

Et voilà!

Y feliz Navidad.